Creencias y tradiciones de la Semana Santa

Creencias y tradiciones de la Semana Santa

Colombia es un país religioso. No solamente somos el país del Sagrado Corazón, tenemos como patrona a la Virgen de Chiquinquirá y una devoción declarada al Divino Niño, sino que tenemos más de una docena de sitios de peregrinación reconocidos a nivel mundial como el Santuario del Señor de Monserrate en Bogotá, el Santuario de Las Lajas en Nariño, o el Santuario del Señor de los Milagros en Buga, por mencionar algunos.

Bogotá, como capital, da fe de ello por sus maravillosas iglesias, que se diferencian de otras por su arquitectura colonial y por el arte e historia que conservan en su interior; o bien sea por sus lugares de romería como los cerros, los cementerios, o, las plazas de mercado, que con su oferta tradicional para la temporada, han convertido a la ciudad en un atractivo de turismo religioso para visitantes nacionales o extranjeros, que eligen a la ciudad para pasar los días santos.

Sin duda, la Semana Mayor es la época del año en la que la fe y devoción de los colombianos se percibe mejor. Aparte de los ritos tradicionales, como asistir a misa y demás ceremoniales, los creyentes han adoptado como propias una serie de costumbres que, según sus creencias, los ayudan a expiar pecados, perdonar faltas, agradecer o demostrar su fervor hacia Dios.  

Fríjoles en los zapatos.

Por décadas, el principal lugar de peregrinación de Bogotá en Semana Santa ha sido el cerro de Monserrate, una montaña que se alza al oriente a 3152 metros sobre el nivel del mar, con una majestuosa iglesia en su parte más alta.

El templo, que registra una masiva asistencia y al cual se logra acceder por teleférico o funicular, que trasladan al visitante en no más de 15 minutos a la cima, alberga al Señor Caído de Monserrate y está dedicado a la Virgen Morena.

Sin embargo, por una tradición piadosa, hay quienes prefieren como penitencia movilizarse a pie, descalzos, por un sendero de casi mil escalones, desde la falda de la montaña a lo más alto, en un trayecto que puede durar de 30 minutos a una hora. Otros, optan por transitar este trayecto de rodillas, mientras rezan el rosario; y unos más, pagando promesa, ponen en sus zapatos una variedad de granos, que van desde fríjoles hasta garbanzos, para subir la montaña mientras rezan una serie de oraciones, ofreciendo su dolor como sacrificio a Dios, mientras recrean el viacrucis.

El baño que convierte en pez

No es extraño observar que aún hoy permanecen algunas creencias que por décadas cobraron tal fuerza en las familias bogotanas, que casi eran de obligatorio cumplimiento para sus integrantes durante esta temporada del año. Actividades tan cotidianas como tomar el baño, durante los días santos (jueves, viernes y sábado), podría generar que la persona se convirtiera en pez o que su piel terminara escamada.

Cuaresma sin carne

Durante los días santos, católicos y creyentes han evitado el consumo de carne de res y de cerdo, optando por una dieta de pescado, hábito que por años ha consolidado las ventas, en supermercados y plazas de mercado, de productos como pescado seco, mojarra, bagre y otras especialidades de mar.

 

Guardarse en espíritu y cuerpo

Hay quienes guardan estos días para el descanso, el compartir en familia, y la oración con las diferentes actividades religiosas programadas para la ocasión. En lo que se refiere a la intimidad en pareja, por muchos años fue mal vista y considerada como una falta contra la fe y la moral en tiempos de reflexión y recogimiento. Evitaban la más mínima cercanía con su pareja por temor a tener secuelas, como quedarse unidos, cuerpo con cuerpo, hasta el próximo tiempo de cuaresma, consecuencias que eran reiteradas en cada sermón.

Sin música y sin alcohol

Como una práctica de respeto a las creencias y de luto por el sacrificio del Señor, durante los días santos, en varias regiones del país, se evita la música con alto volumen y el consumo de licor.

Peregrinaciones, procesiones y vigilias

Existe un sector de la ciudad que conserva además de sus costumbres ancestrales de cultura, historia e identidad, sus tradiciones religiosas más arraigadas, y es el rural, donde los campesinos se niegan a perder la esencia que sus abuelos y padres les transmitieron sobre el significado de la Semana Santa.

Allí, casi dos meses antes de la fecha, se preparan para las habituales procesiones del viacrucis en las que los hombres cargan las cruces y estatuas de sus santos, en una serie de peregrinaciones diarias que recorren vereda por vereda, en medio de oraciones, con indumentaria especial que deben llevar quienes hacen parte de la romería.

Jornadas que comienzan en los pueblos (zonas centrales de las localidades rurales) y se extienden a lo largo y ancho de las veredas, en un recorrido piadoso y que se hace sin importar la lluvia, el frio o intenso sol. Los niños deben asistir, guardar silencio y solo responder a las oraciones. Cada día el Cristo es recibido en una casa donde pasará la noche en una vigilia con la comunidad para proseguir su camino la siguiente mañana.

Estas son algunas de las tradiciones derivadas del catolicismo traído a nuestro territorio por los españoles, transmitidas de abuelos a padres, de padres a hijos, y que muy seguramente harán parte por mucho más tiempo de la cultura y religiosidad de Bogotá, una ciudad que para esta temporada se convierte en un interesante destino del turismo religioso en Semana Santa.

2018-03-16T11:09:10+00:00